¡Gracias Google pero…! (Thanks Google, but…!)

Recuerdo que hace algún tiempo un profesor amigo, excelente académico en su área, fue invitado a dar ciertas conferencias en el seminario donde yo trabajaba en Latinoamérica. Como era su amigo y profesor allí me ofrecí a ayudarlo en la traducción del material que traía para compartir. El se había adelantado, y queriendo ayudarme, había pasado todo el contenido de su conferencia a través de google. Me escribió emocionado, pensando que me había hecho un favor. Era mi primera vez en tratar de ¨retraducir¨ a google, luche con la traducción como nunca. Entre frases mal elaboradas, algunas peligrosamente cómicas y otras tantas que no hacían ningún sentido, después de una lucha desesperada y llena de frustración me tuve que dar por rendido. ¡No quiero ni imaginarme qué hubiera pasado si esa traducción se hubiera leído tal como estaba!

¡Cuánta necesidad tenemos de aprender de verdad otros idiomas! Las máquinas por sofisticadas que sean nunca podrán remplazar a las personas, especialmente en el proceso de comunicar el evangelio. Es triste que muchos de aquellos que están en el ministerio cristiano y que están en contacto con otras culturas simplemente no quieren o piensan que es innecesario conocer el idioma del otro. ¡Al fin de cuenta siempre habrá google!

La Escritura siempre debe ser nuestro modelo para hacer ministerio inclusive en este sentido. Existen suficientes trazos en los escritos del Nuevo Testamento, por ejemplo, que revelan que sus autores era políglotas. No cabe duda de que el griego era la lengua franca del tiempo, pero además de ella, ellos podían comunicarse en la lengua del pueblo de la gran palestina, el arameo. Sabían hablar y leer el lenguaje de la sinagoga, el hebreo. De la misma forma, en el AT encontramos grandes ejemplos de hombres y mujeres usados por Dios por su habilidad de comunicarse en varios idiomas (Moisés, José, Daniel, etc.). De acuerdo con muchos historiadores, Jesús mismo hablaba varios idiomas. ¡No hay sorpresa en esto! El es la palabra de Dios que comunica esa palabra dentro de contextos humanos, sociales, y lingüísticos específicos. (Juan 1:14-18).

Por otro lado, hace muchos años cuando llegué al seminario, me enseñaron que era necesario que yo estudiara el griego, el hebreo y el arameo para poder entender mejor los escritos bíblicos. Nadie ponía o pone en duda, creo yo, que hacerlo es necesario a fin de que no dependamos solamente de lo que otros han traducido. Algunos, sin embargo, aun haciendo todo este trabajo, terminan distorsionando el mensaje bíblico al estar satisfechos con que se haga una traducción mediocre o descuidada de su enseñanza. Hace apenas unos días alguien me pasó un librito de evangelismo que estaba siendo traducido al español, me bastó leer un par de párrafos iniciales para darme cuenta de que ¡no hacía sentido! ¡Y cuando les pregunté por qué no esperábamos a corregirlo, me contestaron que había prisa pues lo tenían que entregar en sólo unos días! ¡Si comunicaba mal o no comunicaba parecía no ser importante!

Dice don Samuel Escobar que la gran bendición de la revelación bíblica es que sea traducible y que eso significa, por un lado, que todo lenguaje humano ha sido dignificado y desacralizado al mismo tiempo (The New Global Mission, IVP 2013, p.12). Ningún lenguaje es más sagrado que otro y todos los lenguajes deben tratarse con el mismo respeto, especialmente cuando comunicamos el evangelio.

Existe algo que google o cualquier otro traductor mecánico le sería muy difícil, si no imposible, corregir. Esto es la sensibilidad cultural con la que normalmente un idioma va asociado. La traducción mecánica de modismos, por ejemplo, produce un horrible resultado en la traducción. ¿Cómo puede una traducción a otra cultura traducir lo que significa “meterse en camisa de once varas” en español? El asunto no es sencillo porque no se trata de comunicar sólo el concepto significado sino también la fuerza íntima y familiar que frases como éstas comunican a la mente del oyente, y también a sus sentimientos e identidad. Ayer mismo, un pastor de una iglesia hispana importante en Dallas Fort Worth me compartió cómo algunos de sus predicadores invitados han creído que traducir es solo una cosa de transliterar a la google: “¡No problemo! ““¿Está buena hermana?” ¡Muchos y horrorosos ejemplos para compartir aquí!

¡Y todavía hay algunos que no creen que haya necesidad de buenas traducciones, y no sólo de estas, si no de artículos y libros cristianos escritos en el idioma vernáculo del lector! ¡Todas estas cosas son sumamente necesarias cuando comunicas el evangelio del Señor!

Mucho del retraso y literario y misional de América Latina en los círculos evangélicos se debe, entre otras cosas, a que hemos estado acostumbrados a leer literatura superficial, ¡traducida de otros contextos, y muchas veces mal traducida!

Tratar de leer a Shakespeare en español obviamente es posible. ¡Pero, no es igual a poder leerlo en inglés! Existe un “algo” que se pierde, algo que yo sospecho es “mucho.” Es como creer que no se pierde nada al leer el Quijote en inglés. Lo he leído y parece tan insípido como “papas sin sal.”

Así como les pido a mis estudiantes que aprendan inglés para poder leer obras teológicas y comentarios bíblicos que puedan ayudarlos aun más en su fe evangélica, así invito a aquellos que leen sólo inglés a que aprendan a leer y comunicarse en otro lenguaje, especialmente con el que están en más contacto. Hacerlo amplía nuestros horizontes y nos libera del provincialismo que nos impide ser fieles comunicadores del evangelio.

Quiero alabar a Dios por la oportunidad de poder escribir estas líneas en español y espero que los lectores de “Theological Matters” puedan disfrutar de estos “Asuntos Teológicos” en el lenguaje de Gabriel García Márquez, de Jorge Luis Borges, Octavio Paz y Sallarue. Quiera Dios usar todos los artículos escritos en español de este blog para comunicar mejor el mensaje eterno del evangelio.

Muchas gracias google, pero prefiero aprender el idioma original, prefiero escribir en español… ¿o en inglés?


I remember that some time ago a friend of mine, an excellent scholar in his area, was invited to give certain lectures at the seminary where I used to work in Latin America. Since I was his friend and professor there, I volunteered to help him in the translation of the material he would share and read with the students. Wanting to help me, he had gone ahead and translated all the content of his conference with Google. He wrote to me excited, thinking that he had done me a big favor. It was my first time trying to “re-translate” Google. I struggled with that translation like never before. Between badly elaborated phrases, some dangerously comical ones and many others that did not make any sense at all, after a desperate fight in full frustration, I gave up. I do not even want to imagine what would have happened if that translation had been read as it was!

How much need do we have to really learn other languages! Engines, as sophisticated as they may be, can never replace people, especially in the process of communicating the Gospel. However, it is sad that many of those who are in Christian ministry and who are in contact with other cultures simply do not want to know the language of their neighbors; or simply put, they do not think it is important enough. At the end of the day, there is always Google!

The Scriptures should always be our model for ministry even in this regard. There are enough traces in the New Testament writings, for example, revealing that their authors were polyglots. There is no doubt that Greek was the lingua franca of the time, but in addition to it, they could communicate in the language of the people of the great Palestinian region, Aramaic. They also knew how to read and speak the language of the synagogue, Hebrew. In the same way, in the Old Testament we find great examples of men and women used by God for their ability to communicate in several languages (Moses, Joseph, Daniel, etc.). According to some historians, Jesus Himself was fluent in several languages. No surprise! He is the Word of God that communicates God´s Word within specific human, social and linguistic contexts (John 1:14-18).

Many years ago, when I arrived at the seminary, I was taught that it was necessary for me to study Greek, Hebrew and Aramaic in order to better understand the biblical writings. Nobody doubts, I believe, that doing so is necessary so that we do not depend only on someone else’s translations. Some, however, even doing all this work, end up distorting the biblical message when they are happy with a mediocre or careless translation of their teaching. Just a few days ago, someone handed me a booklet of evangelism that was being translated into Spanish; it was enough for me to read a couple of initial paragraphs to realize that it did not make sense! And when I asked them why we did not wait to correct it, they replied that they were in a hurry–they had to deliver it in just a few days! That the booklet communicated badly or not at all was not important!

Don Samuel Escobar says that the great blessing of biblical revelation is that it is translatable, and that this means all human languages have been dignified and desacralized at the same time (The New Global Mission, IVP 2013, p.12). No language is more sacred than another, and all languages must be treated with the same respect, especially when we communicate the Gospel.

There is something that for Google or for any other mechanical translator would be very difficult, if not impossible, to correct. This is the cultural sensitivity with which a language is normally associated. The mechanical translation of idioms, for example, produces a horrible result in translation. How can another culture understand what it means to “meterse en camisa de once varas” if Google just translates it, “get into an eleven-yard shirt,” from the Spanish? The issue is a complex one, for communicating is more than handing over memorized formulas. Also, it has to do with doing it with intimate and familiar energy that only those phrases are able to convey. In them, the listener finds not only familiar feelings but the identity to which he can relate.

Yesterday, a pastor of a major Hispanic church in the Dallas-Fort Worth area shared with me illustrations of how some of his guest preachers have committed all kinds of mistakes when simply thinking that the issue of translation is just transliteration. “No problemo” “¿Está buena hermana?” Too many, too horrible to share here!

Much of Latin America’s literary and missional incompetence in evangelical circles is due, among other things, to the fact that we have been accustomed to reading superficial literature, translated from other contexts, and often poorly!

Trying to read Shakespeare in Spanish is obviously possible. But it’s not the same as being able to read it in English! There is a “something” that is lost, something I suspect is “a lot.” It is like believing that nothing is lost when reading Don Quixote in English. I’ve read it, and it seems as insipid as potatoes without salt.

I ask my students to learn English in order to read solid theological works and biblical commentaries that can help them even more in their evangelical faith. Most evangelical translations, with few exceptions, are poor translations of superficial works. Most of our good books come from other contexts via Spaniard Roman Catholic translators using an esoteric Spanish and translating works that are ideologically attune with them.

In the same way, I invite those who read only English to learn to read and communicate in another language, especially with the one with which they are in more contact. Doing so expands our horizons and frees us from the provincialism and ethnocentrism that prevent us from being faithful communicators of the Gospel.

I want to praise God for the opportunity to write these lines in Spanish, and I hope that the readers of “Theological Matters” can enjoy these “Asuntos Teológicos” in the language of Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Octavio Paz and Sallarue. May God use all the articles written in Spanish on this blog to better communicate the eternal message of the Gospel.

Muchas gracias, Google, but I´d rather learn English… ¿o Español?