Por qué no deberías “declarar” o “confesar” nada (Why you should not “declare” anything!)

1. La Escritura no lo enseña. La Biblia habla de “declarar” en el sentido de “hacer claro,” explicar y proclamar un mensaje ya dado por Dios para que nosotros lo sigamos y obedezcamos en adoración (Salmo 19:1; 50:6; Daniel 10:21; Mateo 13:35; Juan 4:25). Pero, “declarar” en el sentido de forzar que ciertas cosas pasen no es significado que aparezca en la Escritura, es más bien una practica que emula la magia pagana tan detestada por los profetas bíblicos (ej. 2 Reyes 23:24; Isa. 8:19; Jer. 27:9).

2. La diferencia entre la fe bíblica y la pagana consiste en reconocer que mi vida está en las manos de Dios y no en las mías. Intentar asegurar mi futuro por medio de afirmaciones mías, aun usando el vocabulario bíblico, es falta de fe en Dios, y excesiva confianza en el hombre.

3. Creer a pesar del mundo. La fe bíblica tiene que ver principalmente con creer en lo que Dios ha prometido en su palabra–y por eso es necesario conocerla profundamente sin torcerla como algunos comerciantes lo hacen para amontonar dinero (2 Cor. 2:17; 4:2). La fe bíblica es confiar a pesar de que el mundo no cambie hoy. Es creer contra la realidad presente aun en medio del sufrimiento y aún cuando personalmente no vea su cumplimiento (1 Tes. 3:1-9; Job 19:25).

4. Creer solo en lo que Dios promete. La fe bíblica NO enseña que cualquier cosa que el creyente espere le será concedido si tan solo lo cree ciegamente y “lo declare.” La “convicción de lo que se espera” de Hebreos 11:1 no es lo que el creyente se proponga esperar. Es más bien lo que Dios dice que debemos esperar (Hebreos 10:36-38). Es decir, la segunda venida de Jesús y su juicio para el malvado.

5. Asalto directo contra la verdadera oración. “Declarar” al estilo de muchos predicadores y cantantes hoy en día es un asalto directo, y sustituto barato, a la oración cristiana (Lucas 11:2). En lugar de orar en confianza de que Dios tiene mis necesidades bajo control, y esperar en su voluntad, el “creyente” es motivado a cambiar su realidad vía el optimismo humanista. ¡No se trata de pedirle a Dios “que venga su reino,” según esta distorsión el creyente puede hacer que baje el reino solo mandarlo!

6. Copia de la filosofía secular. Este “declarar,” la llamada “palabra de fe,” es la versión religiosa de la filosofía deconstruccionista secular en la que el mundo es creación del lenguaje humano. La idea a fondo es que si cambias el lenguaje terminarás cambiando la realidad. El feminismo antibíblico que cuestiona la paternidad de Dios y propone una diosa amante del ser humano es el ejemplo más claro.

7. Antesala de la apostasía. El “declarar” de varios predicadores de la prosperidad es un atentado directo contra el esperar en Dios. Es una exhortación para tomar nuestra vida en nuestras manos y afirmar nuestro valor frente al mundo. Esta es una espada de dos filos porque, aunque sea enormemente atractiva para la baja autoestima humana y para los que necesitan provisión urgente, también es una fuente de desanimo, depresión y apostasía cuando lo declarado no llega.

8. El confesar bíblico. El “confesar” sinónimo del “declarar mágico,” en la Escritura se da en un contexto de expresar nuestro pecado (Salmo 32:5; 38:18), nuestra conversión (1 Reyes 8:33; 2 Cro. 6:24), nuestra limitación, y confianza en que Dios tendrá la última palabra. Lo central de la confesión cristiana no es reconocer mi capacidad para cambiar la realidad. Es reconocer que el que decide es “el Señor,” no el creyente (Rom. 10:9); confesar el nombre de Dios, hablar de su grandeza–y no de la nuestra– para que las naciones lo busquen y adoren (Nehe. 9:3), aunque los siervos del altísimo sufran el rechazo mientras tanto. No es mi palabra la que cambiará mi mundo, sino el Hijo del Hombre en su venida quien confesará los nombres de sus santos, haciendo pública así la razón y la dignidad que siempre han tenido (Lucas 12:8; Apoc. 3:5).

9. Buscar sólo el decreto de Dios. ¿Y qué digo de la estupidez del “decretar” del creyente? Sólo el Soberano tiene derecho a decretar, y así lo ha hecho eternamente. En la Escritura, la única vez en que los humanos decretan algo son los reyes paganos. Dios los ocupa porque forman parte de su decreto eterno (Daniel 4:17). Todas las otras veces tiene que ver con obedecer los mandamientos y estatutos escritos de Dios. El ha decretado que se deba obedecer su palabra solamente, y que se deje de estar buscando y oyendo otro tipo de “decretos.”

10. Evangeliza y no “arrebates.” “Arrebatar” o “atar” para ordenarle a Satanás es una infantil interpretación de los pasajes que ocupan esa terminología. Mateo 11:12, por ejemplo, como aparece en Reyna-Valera es ambiguo. La versión Dios Habla Hoy traduce mejor: “Desde que vino Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los que usan la fuerza pretenden acabar con él.” Así también: NBV, NTV, PDT, etc. Este verso no enseña que los creyentes deben “arrebatar” nada, y menos a Satanás. Mateo 16:19 no es fácil de interpretar—según la mayoría de buenos comentarios bíblicos. Lo claro es que el pasaje no dice nada de ligar o atar a ningún humano o a Satanás. Más bien, prescribe la entrada al reino de los cielos. La iglesia es la encargada de abrir la puerta al reino de Dios. Todos los que entren por la puerta del mensaje del evangelio, serán acogidos en los cielos.

Por esto y por mucho más: No “declares,” No “decretes,” No “confieses,” no “arrebates” no “ates o desates”. ¡Es mejor conocer a fondo la Escritura, y honrar a Dios obedeciéndola!


Because…

1. It is not something taught by Scripture. The Bible speaks of “declaring” in the sense of “making clear,” explaining and proclaiming a message already given by God for us to obey in adoration (Psalm 19:1; 50:6; Daniel 10:21; John 4:25). But “declaring” in the sense of forcing certain things to happen does not appear in Scripture. It is rather a practice that emulates the pagan witchcraft so detested by biblical prophets (e.g., 2 Kings 23:24; Isaiah 8:19; Jeremiah 27:9).

2. The difference between biblical and pagan faith consists in recognizing that my life is in the hands of God and not in mine. Trying to secure my future through affirmations of mine, even using the biblical vocabulary, is evidence of a lack of faith in God and an excessive trust in man.

3. We should believe in spite of the world. Biblical faith has to do mainly with trusting in what God has promised in His Word—and that is why it is necessary to know it deeply without twisting it as some merchants do to accumulate money (2 Corinthians 2:17; 4:2). Biblical faith is to trust in God even though the world does not change today. It is to believe against real suffering and even when I do NOT get to see what God will bring at the end (1 Thessalonians 3:1-9; Job 19:25).

4. We should believe only in what God promises. Biblical faith does NOT teach that whatever the believer expects will be granted to him if he only believes it. The “conviction of things not seen” in Hebrews 11:1 is not what the believer wants. It is rather what God has promised (Hebrews 10:36-38), that is, the second coming of Jesus and His judgment for the wicked.

5. It is a direct assault against true prayer. “Declaring” for many preachers and singers today is a direct assault, and a cheap substitute, for Christian prayer (Luke 11:2). Instead of praying that God may provide for my needs, the “believer” is motivated to change his reality via humanistic optimism. It is not about asking God “thy kingdom come,” but “making” the kingdom come down by just commanding it!

6. It is a copy of the secular philosophy. This “declaring,” the so-called “word of faith,” is the religious version of secular deconstructionist philosophy in which the world is the creation of human language. The idea is that if you change the language, you end up changing reality. The anti-biblical feminism that questions the paternity of God and proposes a goddess who seduces the human heart is the clearest example.

7. It is a prelude to apostasy. The “declaring” teaching of several preachers of prosperity is a direct attack against waiting on God. It is an invitation to take our life in our hands, affirming our value in front of the world. This is a two-edged sword because, although it is attractive to those who suffer from low self-esteem and are in need of provision, it is also a source of discouragement, depression, and apostasy when the thing “declared” does not become reality.

8. It is contrary to biblical confession. Many preachers and singers use “confession” as a “magical spell” to change reality. However, in Scripture, the term occurs in contexts for expressing our sin (Psalm 32:5; 38:18), our conversion (1 Kings 8:33), our limitations, and our confidence that God has the last word for my problems. Confession is not about my ability to change reality. It is about recognizing that the one who decides is “the Lord,” not the believer (Romans 10:9). We are to speak of God’s greatness—and not of ours—among the nations so that they may worship Him too (Nehemiah 9:3), even if the servants of the Most High may suffer rejection in the meantime. Christian confidence does not change the world; rather, the Son of Man, at His second coming, will confess the names of His saints, thus making public the dignity they have always had (Luke 12:8; Revelation 3:5).

9. We should seek only the decree of God. And what do I say about the stupidity of the believer “decreeing”? God the Sovereign is the only one with the right to decree, and He has done so eternally. In Scripture, it is only pagan kings who decreed. God uses them because they are part of His eternal decree (Daniel 4:17). All other times in which “decree” is used in the Bible refer to obeying the written statutes God has given to His people. He has decreed that only His Word should be obeyed, and that we should stop looking for other kinds of “decrees.”

10. We should evangelize, not “snatch.” “Snatching from” or “binding” Satan is a childish interpretation of the biblical passages that occupy that terminology. Matthew 11:12, for example, in Reyna-Valera is ambiguous. Dios Habla Hoy translates better: “Since John the Baptist came until now, the kingdom of heaven suffers violence, and those who use force seek to destroy it” (compare NBV, NTV, PDT, etc.). We cannot say on this verse that believers are commanded to “snatch” anything from anyone, least of all from Satan. Matthew 16:19 is not easy to interpret—check major biblical commentaries—but what is clear is that the context says nothing about binding any human or satanic being. Rather, it is related to the entrance to the kingdom of heaven. The church is responsible for opening the door, presenting the entrance to the Kingdom of God. All who enter through the door of the Gospel message will be welcomed into heaven.

For this and much more: Do not “declare,” do not “decree,” do not “confess,” do not “snatch,” do not “bind or loose.” It is better to know the Scripture thoroughly and honor God by obeying it!